miércoles, 14 de julio de 2010

6 horas de fila y 5 minutos de consulta

Por una fisura


Clínicas no dan abasto y se le suma

desperdicio de tiempo de los médicos



"Jose, me quebré el tobillo", fue la llamada con la que Rosibel llamó a su hermano mayor, luego de una caída. Esto le sucedió el pasado lunes 28 de junio. Ella se encontraba en el Colegio Técnico de San Sebastián. Su hermano, de inmediato fue a recogerla para llevarla a la Clínica Carlos Durán.

Tras el papeleo, necesario, en el colegio, pudo llevarse a su hermana. "Iba tranquila, se notaba que le dolía pero lo soportaba", menciona Jose. Se apresuró rumbo a la clínica, cuando buscaban un lugar donde parquear el carro, vieron una larga fila. Ambos pensaron lo mismo, esa era la entrada de emergencias. Blab lab la él jdslkfjlas

Fue así como Jose y su hermana Rosibel se dirigieron a la entrada, Él mandó a su hermana a sentarse en el filo de la acera, justo en la cola de la fila. A continuación se dirigió a la puerta, donde dos oficiales de seguridad controlaban el ingreso de los usuarios. "Disculpe, esta es la fila para emergencias", les preguntó, con toda la esperanza que no fuera así, eran unas 45 personas. La respuesta lo desesperanzó y no pudo evitarlo, "vale que son emergencias".

Se dirigió a ver como se encontraba su hermana, mientras alguien de la fila se reía de su comentario a los guardias. Ella, sentada en la acera acentuaba la cara de dolor. Rápidamente, decidió, solicitar una silla de ruedas. No hay, están todas ocupadas, fue la respuesta de uno de los guardas. "Yo no soy de esperar mucho", comenta Jose, por eso llamó a su hermana y le dijo que lo esperara un momento. Se dirigió a la Contraloría de Servicios de la Clínica, donde la única respuesta que obtuvo fue la de esperar. Simplemente no daban abasto con la cantidad de gente que había.

Después de varias discusiones y un par de llamadas de la muchacha que lo atendió, le consiguieron una silla de ruedas. Así, resignado a la espera, salió de nuevo y en la fila, la cual no había avanzado, esperó. Unos 45 minutos, estuvo ahí, esperando el turno de su hermana para ingresar.

Cuando por fin llegó su turno, se encontró con que debía hacer otra fila para valoración. Rosibel, mientras, no decía nada. Leyendo unos papeles que hay frente al consultorio, vió las categorías roja, para lesiones que pongan en riesgo la vida, amarilla para lesiones graves que no pongan en riesgo la vida y verde para cualquier otro tipo de emergencia. Rezó porque a su hermana la calificaran como roja, aunque sabía que, por más dolorosa que sea, una fractura en el pie no ponía en riesgo su vida. "Le dije que le dijera a la doctora que le dolía mucho, a ver si así nos daban algún tipo de ventaja", comenta. A pesar de esto, les dieron categoría amarilla y los mandaron a hacer otra fila más.

Esta vez era de unas 30 personas, emergencias y otro tipo de consultas revueltas, el desorden de nuestro sistema de salud, lamentable característica. Ya llevaba más de hora y media, entre filas y no los habían atendido. Cuando por fin llegó a la ventanilla, entregó los papeles y le dijeron, siéntese y espere que la llamen.

Así, la llamada tardó otra hora larga. El pie de su hermana se encontraba hinchado y morado y a ella se le notaba el dolor en su rostro. La doctora que la atendió le dijo que podría ser una fisura, que igualmente, necesitaba placas. Junto a estas le envió dos inyecciones, una para el dolor y la otra para la inflamación.

Para tranquilidad de ambos, la fila en Rayos X no era larga. Procedieron a hacerle la radiografía y luego se dirigieron a inyectables. Ahí tuvieron otra larga espera, casi una hora más.

Ahora solo restaba esperar la llamada para la revisión final. Ubicaron un campo en la sala de espera y eso hicieron, esperar. Ya llevaban unas 3 o 4 horas de estar en la Clínica.

Las voces, en su mayoría sonaban molestas, las horas de espera eran eternas. El acabose llegó cuando Jose se dio cuenta que ya habían atendido a un joven que había llegado mucho después que ellos, igualmente, le habían hecho las placas y lo habían inyectado después que a su hermana.

No soportó más la espera y se dirigió al consultorio de emergencias, donde debía ser atendida su hermana. Uno de los guardas de la puerta, de forma prepotente lo detuvo, le consultó que buscaba. Jose le dio la explicación del caso, llevaban más de 5 horas esperando. El guarda le dijo que él mismo iría a consultarle al médico de turno e ingresó al consultorio. Cometió el error de dejar la puerta entre abierta, Jose pudo observar que el guarda lo único que hizo fue hablar con una secretaria sobre su teléfono celular y salir de nuevo. "Ya están los exámenes aquí, en un momento lo llaman", le dijo el guarda. Traga y respira hondo, la cólera se le hace notoria mientras dice, "ese tipo, queriendo verme la cara, no le preguntó nada sobre mi hermana". Para colmos el guardia ni le había preguntado el nombre de ella.

No le dijo nada al guardia y se devolvió donde estaba su hermana, para este punto, tras 6 horas largas de espera, con varios pendientes que hacer, su tranquilidad se había esfumado. Apenas vió que el guardia se dirigió a otra puerta, volvió al mismo consultorio y sin tocar abrió la puerta y preguntó sobre su hermana.

La secretaria le explicó que había demasiada gente y los doctores no daban abasto. Levantó la vista y vió a 3 médicos hablando animadamente y riendo, otro, sentado en su escritorio se tomaba un jugo tranquilamente mientras hablaba por celular. Jose, los encaró a todos, les preguntó que si era una sala de estar o un consultorio, afuera había gente desde hacia muchas horas, como para que ellos estuvieran de vagos, "así se los dije".

Un joven médico, de forma prepotente le contestó que se esperara, que estaban en hora de almuerzo, que él iba a atender a su hermana. "Era el colmo, ese mae acababa de llegar, yo lo vi cuando entró", cuenta Jose. Así se lo dijo, al verse increpado, el doctor le solicitó 10 minutos para proceder a atender a su hermana.

Este, no es un caso aislado. El pasado 31 de marzo, Canal 7 lanzó un informe de la Contraloría General de la República, donde menciona que en los hospitales nacionales hay un gran desperdicio de horas médico. Solo en los tres mayores hospitales (Calderón Guardia, San Juan de Dios y Méjico) hubo un desperdicio de 85000 horas médico, tiempo suficiente para la atención de unas 255 mil personas. Así, es de esperar que el mismo problema afecte a las clínicas locales

Dicho y hecho, 10 minutos después llamaban a Rosibel, incluso brincándose a mucha gente que estaba antes que ella, pero con la misma categoría de emergencia. Tras 6 horas de espera, sin haber almorzado aún, el médico le dijo que era una fisura en una falange del dedo pequeño y no necesitaba yeso. La mandó a reposo unos días y la espera de 6 horas se transformó en una consulta de 5 minutos.

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